19.11.07

La Pajarita que se convirtió en Rana

Amaneció una fría mañana de Noviembre en la sierra y en aquella gran mesa de comedor , después del desayuno, tan sólo quedamos el abuelo, la pequeña Rebeca y yo.

Como cada sábado el abuelo, bolígrafo en mano, iba punteando los artículos que recortaría más tarde para su estudio financiero. Rebeca estaba sentada a su lado y le imitaba. El abuelo para que le dejara seguir con su mutilación matutina de la prensa salmón, le había dado, a la pequeña niña de siete años, un periódico viejo de días anteriores.

Rebeca se afanaba en pintarrajear aquel diario. A mi hija le atraían más los anuncios de colores que la letra impresa.

Yo sonreía viendo la escena, mientras intentaba concentrarme en una abultada novela, que llevaba intentando acabar algunos días.

El resto de los niños se arremolinaban en el sofá, provistos de sus maquinitas electrónicas, mientras se quejaban de no poder salir a jugar.

-¿Sabes Rebeca?- dijo el abuelo cuando hubo terminado con el último periódico- En los periódicos hay muchos animales.

-¡Y no sabes cuantos!- Pensé yo, prestando atención a lo que el abuelo intentaba explicarle a mi hija.- ¡Pues menuda está la prensa hoy en día!

-¿Hay animales pintados?- Preguntó la niña extrañada.

-No-Dijo el abuelo- Viven dentro de las hojas de los periódicos. ¿Quieres que los saquemos de ahí?

-¡Sí, por favor!- gritó encantada.

El abuelo cogió una de la hojas que había pintarrajeado Rebeca y se puso a doblarla con esmero. Al ratito dejó encima de la mesa una gran pajarita de papel.

-¡Eso es una pajarita de papel abuelo!-dijo la niña defraudada- Yo también se hacerla.

Y al poquito, la pequeña dejó la suya también, encima de la mesa.

El abuelo sonrió.

-¿Y sabes hacerla volar?-Dijo con picardía.

-¡Las pajaritas no vuelan abuelo!- le reprochó Rebeca.

-Las mías sí- sentenció el abuelo.

Y tomando la suya entre sus manos, la desplegó y volvió a plegarla una y otra vez, hasta que adoptó forma de cigüeña.

Cuando estuvo acabada, la colocó entre los dedos de la niña, y tirando suavemente de la cola, empezó a batir las alas como si volara.

-¡Oh!- gritó esta entusiasmada- ¡Enséñame como hacer una cigüeña que vuela, abuelo!

Durante un buen rato mi padre enseño a mi hija, lo que tantas veces había hecho conmigo cuando era niña, convertir una simple pajarita papel en una pequeña cigüeña de grandes alas.

La niña se afanaba por aprender a doblar y doblar, hasta que al final, ayudada por el abuelo hizo aletear a su cigüeña.

-Papá- Dije yo entonces, guiñando un ojo a Rebeca- ¿Todavía sabes hacer la rana que salta?.

-¿Una rana que salta?- Preguntó Rebeca emocionada.

El abuelo meneó la cabeza pensativo.

-Pues no sé- dijo con cara burlona- No sé si mi pajarita querrá convertirse en rana hoy.

-¡La mía seguro que sí abuelo!- Dijo la pequeña tendiéndole la pajarita que había hecho un rato antes.

-Esta bien- dijo el abuelo- podemos intentarlo.

Y dobla que dobla aquella pajarita se convirtió en rana. Luego sobre la mesa la hizo saltar, de aquí para allá, provocando las carcajadas de la niña.

Durante un buen rato estuve contemplado aquella escena, donde entre risas, sorpresas y juegos, unas manos de abuelo y unas manos de nieta, consiguieron que la vida me regalara una de las mas bonitas escenas que tendré de ellos dos juntos.

Aquella mañana de Noviembre en que una simple Pajarita de papel se convirtió, de nuevo ante mis ojos, en Rana.


12.11.07

De nombre MariaTeresa...

Corrían los años 80 en una España recién llegada a la democracia y en clase de latín aún declinábamos el Rosa-Rosae.

Gracias a frases como "Eurípides no te Sofocles que te Esquilo" unificábamos correctamente a estos tres trágicos griegos que nada tenían que ver con Séneca, un cordobés, que aunque no era torero, lidió con mas de un toro en la Roma de Calígula.

La conjunción de ira, locura breve según los diálogos del filósofo, y la adolescencia, revoltijo de hormonas según la ciencia, estaban a la orden del día en aquellos años, donde el Bachillerato Unificado Polivalente (B.U.P) servía para enseñarnos todo tipo de conocimientos, tan altamente útiles para los tiempos venideros, como los anteriormente expuestos.

Que Séneca se cortara las venas y que se envenenara con cicuta, por eso de agilizar el proceso de su suicidio, después de haber sido maestro de Nerón, hicieron sin duda, que la madre Schiaffino se aplicara el cuento antes de que volviera a arder Roma y usara el método del diálogo más que el de la letra con sangre entra, para llegar a nuestras lindas cabecitas, ávidas de las hazañas feministas de la época.

Sobriamente enfundada en su hábito negro de toca larga, nos miraba fijamente a través de sus gruesas gafas, mientras recorría las filas de mesas, de sus jóvenes alumnas, sobre sus zapatos ingleses de cordones. Genio y figura vestida de monja, que hoy podríamos comparar con un Nissan Patrol todo terreno filosóficamente hablando.

Con frases como "Con un poquito que Dios te da y un poquito que tú te pones..." intentó inculcarnos que lo femenino no estaba reñido con lo feminista, y con la máxima "En matrimonio bien avenido la mujer junto al marido" resolvió de un plumazo nuestro intento de ponerla en un brete sobre si ir o no ir a ver las películas "subiditas de tono", tan de moda en aquella época, con nuestros maridos.

-No seas mojigata niña- decía en tono de reproche- si no vas con él se irá solo, o lo que es peor se irá con otra. Y no me preguntaréis que sabe una monja del matrimonio, ya que está consagrada a Dios. Yo os contestaré ¿Acaso no soy mujer?. Y os recordaré que soy monja por vocación y no por obligación, que es muy distinto.

Mientras ojeaba, como si tal cosa, las cotizaciones del dolar. Una cosa era ser monja y enviar el dinero, que ganaba con sus traducciones de italiano y francés, a las misiones africanas y otra desaprovechar la coyuntura económica estadounidense en beneficio de los más desfavorecidos.

Predicaba con el ejemplo y se adelantó en décadas a Al Gore en su misión de salvar al mundo del derroche. Usaba el papel justo y necesario para escribir la preguntas de los exámenes, lo que hacía que de un folio salieran las veinte tiras necesarias para preguntar, por ejemplo, en una evaluación de filosofía:

"En que consiste el cálculo lógico. Cualidades de la verdad, de la evidencia y de la certeza. Define lógica, variantes, función, silogismo, modelos de silogismo, argumento, comprensión del sujeto, reunión y clase. Principales definiciones de la verdad".

Esto demostraba ampliamente la máxima filosófica de que el saber no ocupa lugar y que el reciclaje era posible ya que a la vuelta estaba el examen de latín de la hora siguiente, otro ejemplo:

"Cum haec verbo audiviacet meritus qui mondum mortus erat. Voce supplici dixit: Nolite vivum me cremare, exepectate dum moriar"

Lo único que recuerdo de aquellos exámenes es que los aprobé y que con el tiempo olvidé las respuestas. Pero jamás la olvidaré a ella como regia maestra y como sabia mujer.

En sus clases el latín era Latín, la filosofía era Filosofía, el matrimonio era Matrimonio, el dolar era el Dolar y una mujer era sobre todas las cosas Mujer.

Así era la Madre Schaffino, de nombre María Teresa, a la que hoy quizá necesitaría a mi lado de nuevo pero no para aprender latín o filosofía si no para recordarme todo aquello que intentó enseñarme y quizá no aprendí... que los hombres son hombres y que yo, por encima de todo, soy Mujer.

27.9.07

Hoy es 27 de septiembre.

Era yo muy pequeña cuando una mañana vi a mi madre sentada esperando a la entrada de mi casa.

La puerta estaba cerrada y nadie había llamado a la puerta. Simplemente estaba allí sentada esperando, escuchando en silencio, cada movimiento en la escalera, cada ruido del portal, intentando adivinar que pasaba detrás de aquella puerta.

Yo la observaba desde un rincón, al final del pasillo.

Minutos antes mi hermana, no mucho mayor que yo, había salido por primera vez ella sola a comprar el pan.

Por entonces costaba la barra de pan cuatro pesetas y media.

Una manzana de casas, una cuesta y un paso de cebra era todo lo que separaba mi casa de la panadería. En ir y volver se invertían unos pocos minutos.

Pero la recuerdo cerrando la puerta, en silencio. La recuerdo pensativa y alerta. la recuerdo quieta, sentada en aquella silla, sin poder hacer nada más que esperar a que mi hermana volviera...

9.9.07

El viejo roble

En un apartado bosque vivía un viejo roble.

Un primavera mientras se desperezaba vio como crecía cerca de él una pequeña ramita con tímidas yemas. Pensó que no soportaría el calor del verano y se entristeció.

Luego pensó que quizá podría hacer algo por ella y se esforzó por hacer crecer una de sus ramas para darle sombra.

Cuando llegó el verano y apretaba el calor recogía el rocío de la noche con sus hojas y las hacía descender hasta la pequeña ramita para refrescarla.

Luego llegó el otoño y cuando el viento sacudía fuerte dejaba caer sus hojas sobre ella, pensando que así cuando llegara el invierno y con el las heladas, la ramita tendría las raíces calentitas bajo su manto de hojarascas.

Durante años se desperezaba en primavera contento de ver como aquella ramita crecía y se convertía en un joven nogal.

Un otoño le enseñó como cimbrearse con el sentido del viento y así evitar que se quebraran sus ramas.

-Sabes mucho viejo roble- le decía el joven nogal con admiración- Enséñame más sobre los misterios del bosque.

Le habló de cuando vivían muchos robles en aquellos bosques y los jabalíes merodeaban por allí para comerse las bellotas. Le habló de aquella familia de gorriones que anidó en sus copas durante años. Le contó como un viejo nogal le enseñó a cimbrearse al viento.

-¿Qué pasó con aquel viejo nogal?- le preguntó el pequeño árbol.

-Era yo muy joven cuando se secó un verano y un duro invierno se lo llevaron los leñadores.

-¡Qué crueldad!- dijo lloriqueando el pobre retoño.

-La vida es así- dijo resignado el roble- de sus raíces salieron pequeñas ramas pero ninguna salvo tú, aguantó el duro verano. Nacemos de viejas raíces, o de antiguos frutos enterrados. Si tenemos suerte sobrevivimos y crecemos altos y fuertes. De nuestras ramas crecen frutos con los que alimentamos a otros. Somos hogar y cobijo de los débiles. Como esa familia de ardillas que se comen tus nueces y que tantas cosquillas te hacen.

Hizo una breve pausa.

-Cuanto mas vivimos más nos cuesta morir. Pero al final todos morimos tarde o temprano- dijo al fin en un suspiro.

-¿Qué pasa después de la muerte?- preguntó el roble.

-Yo eso no lo sé. El olivo, habla de amor y paz. Dice que somos parte de algo más grande de lo que vemos ahora. El espino mantiene que está equivocado. El habla de odio y venganza, mantiene que somos fruto de la casualidad y que cuando morimos somos carne de leñador. Pero yo no les entiendo mas allá de mis bellotas, yo nací roble.

Y así pasaron los años en compañía.

El joven nogal creció recio y fuerte, pero año tras año el viejo roble perdía su fuerza hasta que tras un duro invierno ya no despertó.

Los leñadores se lo llevaron enseguida y el frondoso nogal quedó triste y sólo.

Año tras años veía como crecían ramitas de la tierra, tiernas y frágiles que no superaban los secos y calurosos veranos. Y se entristecía por ellas.

Pero una primavera mientras se desperezaba vio como crecía muy cerca de él una pequeña ramita con tímidas yemas.

Y Pensó que quizá podría hacer algo por ella y se esforzó por hacer crecer una de sus ramas para darle sombra. En las madrugadas de verano recogía el rocío para refrescarla y en otoño dejaba caer sus hojas para darle calor en invierno...

Quizá la vida sea sólo eso. Y nuestros sueños sean como las tiernas ramitas que crecen de viejas raíces, algunas las más inalcanzables mueren tras un largo y caluroso verano, pero hay primaveras que la vida hace crecer muy cerca de nosotros una pequeña ramita con tímidas yemas y si nos esforzamos un poquito conseguiremos hacer crecer una de nuestras ramas para darle sombra, si ponemos ilusión recogeremos el rocío de la mañana y dejaremos caer nuestras hojas en otoño... y quizá, sólo quizá se convertirá en un frondoso nogal que seguirá viviendo cuando ya no estemos por que el milagro de la vida quizá sea sólo eso... VIDA.

17.6.07

Princesa de Cartón (Embajada Sur)

Como en un día cualquiera, gritan las calles
el sudor se desliza como un eterno llanto
recostada en su ventana contempla el amanecer
un día que comienza un reto otra vez.

Caminando descalza ríe sin parar
equilibrista al borde de la ciudad
una mañana de escuela,
de nuevo sin el profesor
jugará a ser Princesa de Cartón.

Una casa de madera y papel
una cama donde duermen mas de tres
unas fotografías recuerdan que alguien se fijo
que es capaz de estar linda en alguna ocasión.

Déjame abrir tu corazón
déjame ser tu ilusión
entregame tu ingenuidad
quiero abrazar tu soledad.

Aguas negras fluyendo bajo sus pies
sus hermanos la piden de comer
ella sonríe y construye con su cartón
un palacio de sueños y de ilusión.

Déjame abrir tu corazón
déjame ser tu ilusión
entrégame tu ingenuidad
quiero abrazar tu soledad.

Como en un día cualquiera... gritan las calles...

20.5.07

Dos perros fijos, dos de intercambio y chiki.

-¡Venga Rebeca!- Grita mamá desde la cocina.

Todas las mañanas madrugamos para ir al colegio. Tenemos el tiempo justo de desayunar y vestirnos. Rebeca, mi hermana pequeña, se empeña en dar de comer a sus perros, con la desesperación de mamá, que desde que nos levanta nos mete prisa para no llegar tarde a trabajar.

Mi hermana tiene seis años y cinco perros.

Mamá le dejó muy claro, cuando compramos el primero, que no pensaba hacerse cargo de ningún perro y que si daba algún problema, ella misma se encargaría de venderlo.

-Me da igual si se queda flaquito o si se fuga en busca de cariño.- Decía tajante mamá- A la primera que tenga problemas, el dichoso perro, va fuera. ¡Pues lo que me faltaba, tirar todas las mañanas de vosotros y estar pendiente del perro!.

Al principio todo fue bién, Mancha era una preciosa Dálmata. Rebeca la mimaba a todas horas y la entrenaba para presentarla a concursos. Yo la ayudaba con los entrenamientos y cuando íbamos mal de tiempo, le daba de comer, para que mamá no se enfadara con Rebeca.

Mancha era un fenómeno ganando concursos de disco y con el dinero que ganamos con ella compramos a Toby.

Toby es un Cavalier K.C. Spaniel, juguetón y muy cariñoso. Rebeca me lo regaló por ayudarla. El problema era que teníamos poco dinero y la comida de Mancha cuando entrenaba era muy cara. Hacíamos verdaderos esfuerzos por sacarlos adelante.

Toby se convirtió, con el tiempo, en un gran campeón de salto. Para entonces teníamos el suficiente dinero para mantenerlos a los dos y comprar otro perro.

Rebeca pensó que si le regalábamos, un cachorro de Beagle a mamá, nos ayudaría por las mañanas y nos acompañaría a los concursos, pero no funcionó. De vez en cuando hacía caso al pobre Amarillo, que así se llamaba y jugaba un rato con los tres perros, pero seguía inflexible por las mañanas.

-¡Venga Rebeca! deja a los perros y desayuna- decía cual disco rallado- ¡Venga Rebeca! deja los perros y ponte el uniforme del cole. ¡Venga Rebeca! peínate. ¡Venga Rebeca! ¡Venga Rebeca!

Y si eso no funcionaba, la castigaba.

-Se acabó dar de comer a los perros por las mañanas.-decía duramente- los llevas a la perrera y los fines de semana los sacas para jugar.

-¡Jo, mamá, es que si no voy a ver a los perros por las mañanas, pierden el cariño!- protestaba Rebeca.

-¡Como si se fugan con el chucho del vecino!- sentenciaba mamá- cuando vuelvas del colegio y termines los deberes juegas con los perros todo lo que quieras. ¡Ahora no, que vamos a llegar tarde!

Pero nunca cumplía sus amenazas y los perros seguían con nosotros cada mañana.

Un fin de semana que nos tocaba estar con mi padre, Rebeca compró un cachorro de Golden Retriever y se lo regaló a papá sin que lo supiera mamá. Un domingo por la tarde se olvidó de llevarlo a la guardería perruna para cambiarlo por Amarillo. A la mañana siguiente mamá vio al perro nuevo.

-¿Quién es ese?- Preguntó.

-Es Blanco- dije yo- Rebeca se lo ha regalado a papá.

A mamá no le hizo ni pizca de gracia.

-¿Y Donde está Amarillo?- preguntó asombrada al echarle en falta.

-Rebeca lo lleva a la perrera, para que lo cuiden los fines de semana que estamos con papá y saca a Blanco, pero este domingo se le olvidó.

Mi hermana me odiaría por descubrirla, pero el tercer grado de mamá solía traer peores consecuencias. Ser sincero era mi única oportunidad de salvar el pellejo.

Mamá frunció el ceño y miró a Rebeca.

-Osea que ahora tienes cuatro perros- le dijo.

-No-dijo cabizbaja la niña- Tengo cinco, la semana pasada compré a Chiky, es un pequeño Terrier de Yorkshire y ahora iré a buscarlo por que está con Amarillo en la guardería.

Mamá no pudo menos que resignarse.

-Mira Rebeca- dijo mamá - Ya me hace poca gracia que todas las mañanas pierdas el tiempo con tus mascotas virtuales y tu maquinita. Pero como me entere yo, jovencita, que mi pobre perro vitual, se pasa las semanas enteras en una perrera virtual, comiendo comida virtual y sin tu cariño virtual, aprendo yo misma como funciona esa dichosa maquinita y me adueño de los perros.

-¡Pero mamá si es un juego de niños!-Reí yo, imaginándome a mamá jugando con el jueguecito de Rebeca.

-Sí, sí- dijo mamá riendo- Pero el ¡Venga Rebeca! de cada mañana no es virtual. Y mi fama de maltrataperros entre las amigas de Rebeca, tampoco.

Rebeca reía aliviada.

Ahora todas las mañanas madrugamos, desayunamos y nos vestimos rápidamente. Si vamos mal de tiempo Rebeca se lleva los perros al coche y camino del colegio los va dando de comer.

Luego mamá se los lleva al trabajo en su cartera.

Creo que mamá no ha entendido aún, que en el juego de los perros de Rebeca, sacar a los cachorros a dar un paseo, no es llevar la maquinita en el bolso, por muy fuera de casa que estés.

-¡Venga Rebeca!- grito yo desde la cocina, está claro que hoy nos toca correr. Otra vez.

13.5.07

Un corazón de marioneta

Los amigos son los hilos
de nuestro corazón de marioneta
esos tensan la alegría
esos tensan la esperanza
unos tiran fuerte si ven
que no despiertas al alba
otros más sutilmente
con suaves toques lo levantan

Hay hilos de soga
de nuestro corazón de marioneta
esos tensan la amargura
esos la desesperanza
unos con su intención
crean nudos de dudas
otros acaban ahogándote
cuando ya no sacan nada

Hay hilos de plata
de nuestro corazón de marioneta
esos tensan la calma
esos tensan la constancia
unos son recias cadenas
que a puerto lo amarran
otros son marañas que al unirse
todas juntas lo afianzan

Hay hilos de bala
de nuestro corazón de marioneta
esos traen los problemas
esos traen la batalla
unos son artillería pesada
que destruyen y arrasan
otros tras el destrozo
huyen usando malas palabras

Los amigos son hilos de oro
de nuestro corazón de marioneta
esos tensan el consuelo
esos tensan la confianza
unos tiran de ti siempre
otros tiran a tu llamada
y todos con su gran amor
llenan de alegría tu alma

Gracias a los buenos hilos
nuestro corazón de marioneta baila
cuando los hilos de soga ahogan
y los hilos de bala atacan

Gracias a esos buenos amigos
el latido herido se acompasa
gracias a que los hay de oro
y que los hay de plata

Hilos que por mucho que se tensen
no se rompen como la paja
por que son hilos eternos que
en nuestros corazones su amor anclan.

29.4.07

Una amistad de acero.

Valencia 1099

En una estancia fría descansaba el cuerpo de un hombre malherido. Cada piedra respiraba pesar y cada rincón de aquella habitación guardaba silencio. El fuego en la regia chimenea la iluminaba tímidamente y proyectaba, sobre el lecho del caballero, la sombra de dos espadas situadas junto a ella.

Una mujer, sentada a su lado, calmaba con paños de agua tibia el ardor que llenaba su frente. Su rostro, maltratado por los años, se mantenía sereno. Pero aquel hombre al mirarla reconocía en cada gesto, el amor y la paz que da una vida a la sombra de luchas y guerras.

-¿le habéis localizado?- dijo el hombre con voz entrecortada.

-Está al otro lado de la puerta. No se ha movido de ahí desde que le mandasteis llamar.

-Hacerle entrar tengo que enviarle a una misión.

-Nadie hará misiones esta noche, mi señor Rodrigo- dijo lentamente la mujer.

-Decirle que entre, no queda tiempo para reposar ahora.

La mujer se acercó a la puerta y salió de la estancia con sigilo.

Al poco, entró un hombre recio, vestido para la batalla. Se acercó y rindió, al moribundo, honores de caballero. Al segundo estaba postrado a su lecho, con un semblante de amargura del que conoce de una noche cerrada, su destino.

-¡Albricias Fañez!- sonrió el de Vivar- Vos siempre haciéndome esperar.

-Si, mi señor, tarde mejor que nunca - asintió Alvar- Hoy la Luna está de fiestas y la Cruz en la plaza de armas reza, que es grande nuestra derrota si os perdemos hoy, mio Cid.

-De eso se trata mi buen amigo- Prosiguió no sin esfuerzo Rodrigo- Que la muerte no ha de empañar batalla y defender Valencia es nuestro único desasosiego. He ahí junto al hogar dos espadas, juntos las rescatamos de las manos de los Duques de Carrión y lo único que sienten es no haber estado con vos en Guadalajara. Ambas juntas mañana, al despuntar el alba, tienen que defender esta ciudad tan asediada. Mi buen amigo Fañez tenemos que liberar Valencia y para ello te necesito a mi lado empuñando a Colada.

-Será como vos desees-dijo sorprendido.

-Que ensillen a Babieca de madrugada y que preparen mi armadura a la vista de todos- continuo ordenando el Cid- Que no os entorpezca Jimena, vos teneis ordenes que cumplir y ella ha de entender que un hombre de armas, anhela morir en la batalla . Saldremos al alba, con vida o sin ella, yo con Tizona y vos con Colada. Juntas por fín en la contienda, en honor a mi hijo Diego y a mi Valencia amada.

Cuando Alvar se retiraba, Rodrigo le hizo una última petición.

-Vuestra es Colada, pero Tizona ha de seguir guardando a Jimena, dársela luego a Don Pedro para que junto a ella, mientras viva, yo tranquilo descansara. Mucho tengo que agradeceros mi buen amigo Fañez, partir ahora con Dios, que mi espada os guíe y os guarde.

El hombre, murió aquella misma noche y tras aquellas palabras.

La leyenda nos cuenta que ya muerto y a lomos de Babieca, liberó Valencia.

Grandes fueron sus aliados, los Reyes de Aragón, Berenguer y Navarra. Grandes fueron también sus gestas, victorias que le ganaron el nombre Cid de Campeador, pues la historia así lo narra.

Pero lo que no cuenta la historia es que aquella madrugada dos amigos y dos espadas, atravesaron la puerta de Valencia, Tizona en manos de El Cid y en las manos de Fañez una espada llamada Colada.

Una amistad de acero, que el tiempo y este humilde relato otorgan, como regalo a una leyenda, su merecido puesto.

Hoy quiero dedicar este cuento a un pequeño de once años, que pasa horas enteras jugando con sus espadas, a las que puso un día los nombres de Tizona y Colada.

¡Feliz cumpleaños, mi niño!

15.4.07

Un fantástico viaje.

A la vuelta del colegio en septiembre todos llevaban recuerdos de sus viajes de verano. De sus mochilas nuevas colgaban recuerdos de las más soleadas y turísticas playas españolas. Los más afortunados traían recuerdos de otros países que eran tan pintorescos como remotos.

La primera redacción del nuevo curso se hacía insoportable cada año. El tema estaba claro "Mis vacaciones de verano".

Los profesores se empeñaban en martirizar a los que no habían salido del barrio o de la casa de sus abuelos en un pueblo pequeño. Año tras año algunos de nosotros contábamos que habíamos hecho las mismas cosas, que jugábamos a los mismos juegos y que teníamos los mismos amigos que en las pasadas vacaciones de verano.

Pero aquel año Isabel tenía un viaje fantástico que contar:

Este año he ido al pueblo de mis abuelos como cada año. He estado con mis primos en la sierra como cada año. Nos hemos bañado en la piscina y hemos hecho excursiones. Hemos recogido moras a finales de agosto y durante las fiestas hemos bailado en la plaza.

Pero este año me han dejado acompañar a mi tío Agustín a tirar la basura. Y eso no es cualquier cosa. Hay que saber como colocar las bolsas para que no se caigan y no lo pongan todo perdido.

En el pueblo no recogen la basura como en casa y no hay contenedores de colores para reciclar junto al portal. En el pueblo hay que llevarla lejos, al vertedero que hay más allá del camino de las Arreturas, junto al sendero de la montaña. Hay que subirla en la carretilla y el paseo es largo.

La abuela se empeña en juntar la basura en el garaje durante algunos días, para aprovechar el viaje.

Este año mi tío me ha dejado acompañarle. Al principio no quería. Decía que me iba a cansar mucho, que el camino era empinado y estaba lejos. Pero yo quería ir.

Juntos colocábamos las bolsas en aquella destartalada y vieja carretilla. Nos poníamos unas gorras para que no nos picara el sol y emprendíamos nuestro viaje.

Durante nuestra caminata de ida, me contaba como jugaba de pequeño a la peonza, como cazaban ranas en los riachuelos de noche y como le gustaba montar en un burro que tenía el abuelo.

Al llegar al vertedero estaba agotada. Junto al camino había un gran agujero lleno de tratos viejos y basura. Había restos de cosas quemadas por todas partes y el olor era especialmente penetrante.

Me contó que una vez a la semana Mariano, un señor del pueblo, subía y la quemaba.

Pero lo mejor de nuestro viaje era volver.

Entonces era cuando mi tío cogía un periódico viejo, buscaba las hojas más limpias y cubría el fondo de la carretilla con ellas.

¡Arriba!. Me decía. ¡Agarrate bien, que este chisme corre mucho y vamos a ir muy rápido!

El siempre se reía cuando decía eso.

Entonces era cuando me sentaba dentro de la carretilla, contábamos hasta tres y bajábamos a toda prisa por el camino de vuelta a casa.

Todo el rato íbamos mirando los prados a nuestro alrededor, adivinando que se cultivaba en cada uno de ellos. Reconociendo animales en la forma de las nubes. Y poniéndole nombres a las vacas que pastaban aquí y allá.

De vez en cuando pillaba algún bache del camino, yo botaba dentro en la carretilla y me daba la risa.

Cuando llegábamos a casa mi tío me bajaba de la carretilla para que le sujetara la puerta de la entrada bien abierta y poder dejarla en el garaje.

Y luego, antes de irse a ver si la abuela le necesitaba para otra cosa, me prometía ¡Otro día más!

Este verano he estado en el pueblo con mis abuelos y de vez en cuando, mi tío Agustín y yo hacíamos un fantástico viaje en carretilla.

16.3.07

Un meme o un beme y un cuento real.

Aunque no es mi costumbre seguir cadenas de ningún tipo, supongo que esta tiene su encanto y por eso he decidido pasarla sumándome a ella.

En honor a todos aquellos bloggers que haciendo un esfuerzo cada día por escribir, son criticados de egocéntricos cuando en realidad abren al mundo una parte de sus sentidos sentimientos en forma de relato. Va por ellos.

¿Qué es un Meme? ¿Qué es un Beme? la mejor respuesta en mi antecesor de la cadena Comicpublicidad. Jota, gracias por darme la oportunidad de contar sobre mí, relatando.

Iremos al grano por tanto y cumpliremos con el testigo con este Post.

Se trata de decir "cuatro cosas que probablemente no sepas de mí".

1- Que cualquiera que escribe lee, lee y lee no es de extrañar. Pero que una disléxica declarada como yo, que leía a duras penas y escribía aún peor cuando era niña, llevara en su cartera del cole un pequeño libro negro titulado "Rimas y leyendas de Gustavo Adolfo Béquec" , es al menos chocante.

El segundo libro que llenó mi etapa infantil fue un gran tomo, no tan grande cuando hoy lo acaricio entre mis manos, ya que es una antigua edición de Selecciones del Reader's Digest titulada "Grandes vidas, grandes hechos", donde Helen Keller y Marie Curie eran mis heroínas.

El autor que llenó mi adolescencia Isaac Asimov ( la saga completa de Yo robot y Fundación).

Y el libro que aún venero "Ilustrissimi" de Albino Luciani (Juan Pablo I).

2- Me encanta conducir y los coches. Me relaja, me motiva, me llena de ideas, me despeja de dudas... absurdo y más cuando vives en Madrid ¡Claro!. En mi familia los coches tienen nombre, no marcas ni modelos. El mio hoy tiene nombre de Leyenda y de cuento "Dragón Rojo". Ponernos a Dragón Rojo y a mí, un fin de semana cualquiera, en una carretera con cientos de kilómetros por delante y estaremos rozando la felicidad.

3- Un día me enamoré de un cuadro, pasaba delante de él muy a menudo y siempre tenía que parar a mirarlo. Es un cesto de flores desparramadas por el suelo. Es de Lilas, Rosas y Margaritas. Un día decidí que ya era mio y lo compré. Ferrer, que así se llama el pintor, decoró con su obra el rincón donde hoy escribo. Mi flor la lila, mi color el violeta. Y me gustan las flores en el campo o en maceta o pintadas en un cuadro.

4- Hoy estoy en tiempo de vivir para guardar en el recuerdo. Hace más de veinte años salí del colegio y la vida me alejó de la niñez. El colegio cerró y de aquellos años quedan varias fotografías. Entre ellas una que hoy es mi guía del día a día, cuarenta y seis chicas, cuarenta y seis nombres, cuarenta y seis reencuentros.

Este Blog lleva unos meses invirtiendo en vida, no en letras ni relatos. Paga el precio de la escasez, pero no por ello está abandonado.Hoy vivo un cuento real, más de veinte nos hemos ya encontrado. También los que no están en la foto, y pertenecieron a nuestro pasado. Irán llegando poco a poco, para su hueco, por fin, ir llenando. Habrá sorpresas y risas, habrá muy a pesar nuestro, algún desengaño. Somos cuarenta y seis, y los que nos rodeaban, que su historia nos irán contando.

Paso el testigo a dos blogger, que con su palabras nos cuentan cosas de la vida, sus vidas.


Daniel de Vicente

Jambo Bwana


Y también a
Amigoraúl.

Gracias por estar aquí.

24.2.07

"Esperanza" de Embajada Sur

Gracias a aquellos desechos que llenaron mi alma
Gracias a los que me enseñaron a cambiarla.

Gracias a los que sufren, hoy yo sufro en su espalda
sus caminos son reales no te engañan.

Gracias a los que te quieren y también a los que pasan
Gracias a los que me enseñaron con sus voces a llamarte "Esperanza".

Hoy de nuevo a ti te nombro.

Esperanza... Esperanza... Esperanza... Esperanza...

Gracias a ese agujero oscuro, oscuro y negro del alma
te conozco y te quiero Luz del Alma.

Gracias por las libertades que disfruto y que me sacian
Gracias a aquellos amigos que me aman.

Gracias que hoy mis sentimientos son palabras que os hablan
Gracias a los que me enseñaron con sus voces a llamarte "Esperanza".

Yo también a ti te canto.

Esperanza... Esperanza... Esperanza... Esperanza...

Hay quien cree que ella crece como por arte de magia
Hay quien cree que se vende con palabras

Cuesta orgullo, mucho orgullo, cuesta un hombre y mucha rabia
No aparece por capricho y se marcha.

Es un fruto que se suda, enfría las manos y desgarra
y un día al fin sin saberlo, el sol la saca es la "Esperanza".

Hoy en fin... a ti te sueño.

Esperanza... Esperanza... Esperanza... Esperanza.


Gracias a "Embajada Sur" durante esta semana mis oídos se han llenado de "Esperanza" y tan sólo quería compatirlo con vosotros, por que a veces "Quiero ser como Superman y me caigo, porque sólo puedo aparentar..." (Gracias a Javier, Luis, Pipo, Esther,Iñaki, Quique, Curro... me dejo alguno seguro... perdonarme)

13.2.07

Un policía moderno.

Nada más entrar en la casa, después de investigar un rato por el jardín, encontré el primer cadáver.

Ser policía, en mi caso , era más que tomar huellas y atrapar ladrones. Tenía que entrar en la escena del crimen, formar parte de ella cuando se estaban cometiendo los asesinatos y atrapar al asesino, aún a costa de mi propia vida.

Junto a la escalera, un niño moreno de no más de diez años, estaba tumbado en el suelo. Sus ojos me miraban fijamente. Comencé a subir lentamente y al llegar al cuarto escalón tropecé con una maquinita electrónica.

El malvado criminal no sólo había asesinado al pobre niño, también le había despojado de su juguete. Sólo alguien despiadado podría ser tan cruel.

Bajé son cuidado y con el mayor de los sigilos devolví al niño su maquinita. Cuando llegaba al piso de arriba me pareció oír ruidos en una de la habitaciones. Abrí la puerta y entre señalando con mi dedo al que estuviera dentro.

Allí sentada en una cama una pequeña de rizos morenos, lloriqueaba.

-¡No juego y no juego!- decía- No quiere hacerme su cómplice por que dice que no se guiñar los ojos y sí que sé ¡Mira!.

Sus pequeños ojos se cerraban y se abrían a la vez.

Suspiré con resignación.

-Rebeca. ¿Estás muerta o no?- los lloriqueos, de mi hermana pequeña, me sacaban de quicio.

-¡No!- gritó- Yo ya no juego más con vosotros, siempre me dais el papelito de ciudadano y yo quiero ser el asesino o el policía. ¡Sois unos tramposos!.

-¡Vale, vale!-le dije sacando mi papel del bolsillo.- Ten el de policía, todo tuyo.

Mientras sonreía feliz, mirando el papelito, me escabullí escaleras abajo.

Mi primo estaba sentado contra la pared, cuando bajé. Levantando la maquinita sonrió dándome las gracias.

-Es Irene- Le dijé en un susurro.

Con la mirada me señaló hacia la puerta de la cocina y asintió sin decir palabra.

Observé con el rabillo del ojo que mi hermana pequeña me seguía. Si mi plan funcionaba, esta vez la listilla de mi prima Irene pagaría por su crimen.

Entré en la cocina.

Mi tía y mi madre hablaban de ir poniendo la mesa para comer. En un rincón junto a la nevera pude distinguir una figura. Me volví hacia ella y sin mirarla a los ojos grité.

-¡Te acuso!.

Pero no pareció inmutarse.

-No me puedes acusar-sonrió- No veo que tengas el papelito de policía.

En ese momento mi fiel sombra, en forma de hermana pequeña, hizo su aparición triunfal con mi papel de policía en la mano.

-Aquí está su placa señor- reía-¿Ya hemos cogido a la asesina?.


Mi madre miró a mi tía.

-¡Tienen hasta placa de policía y todo!- se sorprendió- En nuestra época se decía estás muerto y te pillé.

-No mi querida hermana- se reía mi tía- Tú decías, estás muerto, porque no sabías guiñar los ojos.

-¡Vamos anda!- dijo muy ofendida mi madre- ¡Mira que bien los guiño!.

Y cerrando y abriendo los dos ojos a la vez, nos fue asesinado uno a uno. Mientras, nos iba dando los platos, los cubiertos y el mantel.

¡En casa no te salvas de poner la mesa por muy muerto que estés!

2.2.07

Pérez y el manazas

Pérez entró en su pequeño dormitorio y echó un tronco más de leña a la vieja estufa, la noche sería larga.

La pluma de ganso que heredó de su padre, no había parado de escribir sobre el viejo pergamino ni un segundo desde media mañana.

Al ver la larga lista de nombres en ella, se quitó sus recién estrenadas zapatillas de deportes y sacó de debajo de la cama, sus viejas botas de cuero.

-Queridas compañeras, esta noche necesito magia bajo mis pies- dijo frotándolas fuertemente con la manga de su chaqueta.

Cuando relucían tanto que era capaz de verse en ellas, sonrió de oreja a oreja y sus enormes dientes blancos se reflejaron provocando un gran destello de luz, que llenó toda la habitación.

-¡Dientes perfectos, si señor!- Dijo satisfecho.

Abrió el armario, se quitó la chaqueta de lana y la colgó en un pequeño clavo. Luego cogió un gran abrigo marrón algo raído y se lo puso.

-Hoy voy a necesitar el abrigo de bolsillos grandes - se dijo muy contento.

Tiró de un pequeño resorte que había bajo una estantería y la pared del fondo se abrió dejando libre la entrada a un cuarto secreto.

Tiró del cordel de la bombilla que colgaba a la entrada y la gran sala se iluminó.

La gran bóveda blindada de El Banco de España parecía inmensa ante la baja estatura del pequeño Pérez.

-Cogeré las monedas justas, ni una más- dijo decidido.

Pero fue entonces cuando recordó aquel desafortunado viaje en un acelerado taxi. Al saltar perdió una moneda y estuvo a punto de morir encerrado en el bolso de una señora, con tal de no defraudar a una preciosa niña.

Tomó una más y se la echó al bolsillo derecho, junto a las demás.

Se puso el sombrero y salió a la calle. Hacía frío y llovía, así que decidió tomar el autobús.

Nada más llegar a la parada vió como uno, que iba hacía la Gran Vía, partía. De un brinco se sentó en el parachoques.

Cuando estuvo bien acomodado sacó el pergamino de su bolsillo y comenzó a leer los nombres de aquellos desdentados niños.

Cuando llegó a su primer destino, golpeó con fuerza uno de los tacones de sus viejas botas contra la acera. Mágicamente se encontró bajo una almohada y junto a un pequeño diente.

-Pedrito ya lleva dos este invierno-dijo con una sonrisa-La última vez me dejó una nota prometiendo no perderlo la próxima vez. Ya veo que ha cumplido su promesa.

Recogió el diente y dejó la moneda. Nada más meterlo en su bolsillo izquierdo, sus botas mágicas le sacaron de allí.

Una a una fue trasladándose de almohada en almohada, dejando monedas y recogiendo dientes.

Ya le quedaba poco cuando, bajo una almohada , se encontró con la mano de un pequeño.

-Vaya, un manazas- Se dijo algo contrariado.

Con gran cuidado de no despertarle, empezó a soplarle en los nudillos para que abriera la mano y soltara el diente.

Pero de repente la otra mano apareció y de un manotazo tiró de espaldas al pobre Pérez.

Sujeto de milagro del borde de la cama y con sus pies colgando hacia el abismo, vió como el niño profundamente dormido, se rascaba en la mano, donde él había soplado.

Los grandes bolsillos llenos de dientes tiraban de él hacia abajo y sus pequeñas manos aguantarían poco. Abrió su enorme bocaza y mordió la cama. Ahora estaba seguro, no había nada como una dentadura sana.

Al ratito volvía a estar bajo la almohada de aquel niño. Su mano apretaba fuertemente el diente.

El tiempo apremiaba, tenía que pensar en algo y rápido.

Miró a su alrededor y vió sobre la mesita un vaso de agua. Se acercó a ella y con su mano empezó a agitarla.

-Vamos precioso- rió para sí- es hora de ir al baño.

El manazas empezó a agitarse en su cama. Poco después se levantó.

Ante la sorpresa de Pérez, el niño se dirigió hacia el baño con el diente en la mano.

Pero en vez de desesperarse, el pequeño ratoncito, se sentó a esperar. El niño volvió antes de llegar al baño, dejó el diente bajo la almohada y se volvió de nuevo por donde había venido.

Pérez saltó a la cama cogió el diente, dejó la moneda y desapareció.

Cuando ya amanecía llegó a casa, cansado y feliz. Se dirigió a una gran pizarra llena de cruces a un lado. Tomó la tiza y haciendo un gesto triunfal, pintó una más.

Al otro lado de la pizarra simplemente ponía: Manazas "cero".

Mientras se quitaba las botas, al otro lado del armario dos voces discutían.

-Te digo que hay ladrones- Aseguraba una- siempre faltan unas monedas.

- ¿Quién entra en una cámara acorazada llena de billetes y sólo se lleva unas monedas?- reía el otro- ¿El Ratoncito Pérez? ¡Anda ya!.

24.1.07

Una emboscada bajo la lluvia

Siendo niña, las tardes de tormenta se me hacían interminables en verano.

Los pequeños nos quedábamos asomados a los grandes ventanales del salón. Contábamos despacio hasta que sonaban los truenos después de ver caer los rayos.

Si llegábamos a contar hasta diez, era hora de ponerse las botas, pero si en el siguiente rayo no llegábamos hasta dos, mal asunto, tocaba esperar.

En un armario ropero junto a los aseos del piso de abajo, estaban las botas de agua. Las había de todos los tamaños y colores. Olían fuerte a goma y alguna estaba hasta roñosa, pero la herencia de los primos mayores no se cuestionaba, había lo que había y punto.

Las verdes eran horrorosas y las negras de pocero enormes. Yo soñaba con tener un treinta y cinco de pie para ponerme unas blancas preciosas de chica, que eran altas hasta la rodilla. Pero normalmente me conformaba con unas bajas y feas, de color marrón, que eran de mi número.

En cuanto los truenos se alejaban, el pelotón ya estaba formado frente a la puerta de la cocina, listo para revista.

El Comandante en Jefe no tardaría en aparecer.

-¡Soldados!- Nos decía mi primo, cuatro años mayor que yo- Un pelotón de adiestramiento ha caído en manos de enemigo. Nuestra misión es llegar hasta la terraza del salón, hacer una emboscada bajo la lluvia y rescatarlos.

Ponía su manos a la espalda y muy serio pasaba revista.

-¡Capitán!- le decía a mi hermana- usted vigile la retaguardia, encárguese de que la enfermera llegue sana y salva a nuestro punto de destino.

La enfermera era mi prima Cristina, de menos de cinco años. En todas nuestras escaramuzas militares iba de la mano de una de nosotras, a salvo de todo peligro.

-No cometan ni un sólo error- Nos decía al resto - El que esté herido que lo diga antes de estar muerto, para que podamos curarle.

Salíamos en fila india, pegaditos a la pared de la casa, esquivando los goterones que caían de la cornisa, que simulábamos balas de francotiradores enemigos.

Al llegar a la zona del garaje el peligro crecía. A esas horas las partidas de Julepe o de Cinquillo de los mayores estaban en lo mejor. Y allí estaban todos, reguardados de la tormenta, alrededor de una mesa grande, con el cierre levantado hasta arriba, ajenos a nuestras batallitas.

-Cuidado con el Cuartel General del enemigo- Nos recordaba mi primo casi susurrando.

Y mientras los padres y las madres jugaban, alegremente íbamos pasando uno a uno por delante de sus narices, creyéndonos totalmente invisibles con nuestros supuestos trajes de camuflaje.

Al llegar a la esquina de la casa la cornisa se hacía más pequeña, y las bajas se hacían inevitables. Grandes gotas rozaban nuestras puntiagudas naricillas por mucho que nos pegáramos a la pared.

-¡Señor me han herido!- decía una de mis primas con una enorme gota sobre su frente.

-¡Enfermera, atienda al herido!- Ordenaba el Comandante- Los demás sigan avanzando, la misión debe de continuar.

Si aún se oían truenos lejanos, mientras avanzábamos, simulábamos que eran cañonazos. Eran la artillería pesada, que decía mi primo. Si conseguíamos llegar hasta la terraza que nos devolvía de nuevo al salón, habíamos terminado con éxito la misión y celebrábamos la derrota del enemigo.

Recuerdo las tardes de tormenta en verano y aquellas horribles botas de goma. Y también recuerdo haber contado despacito, miles de veces, mientras esperábamos que se alejara lo suficiente para salir a jugar.

Pero lo que más me acuerdo es de la sensación de aventura, sin salir del jardín, en la casa de mis abuelos.

Del pelotón de adiestramiento a veces nos olvidábamos, era más divertido dejar que te hirieran y llamar a una pequeña enfermera de cinco años, para que te curara, mientras oías de fondo como todo un Comandante en Jefe se desesperaba.

Todavía hoy, cuando hay tormenta cuento despacito entre un rayo y su trueno. Me gusta que las gotas de lluvia mojen mi cara y sentir aquel refrescante olor de tierra mojada, que me trae tantos y tantos recuerdos de mi niñez, cuando jugaba con mis primos a hacer escaramuzas, en una emboscada bajo la lluvia.

19.1.07

Mi nuevo amigo F-E-R-N-A-N-D-O

Hoy ha sido mi primer día de cole, nos mudamos después de las vacaciones de verano a un pueblecito de la sierra, papa dice que aquí todo es mas sano.

Yo casi que me alegro, porqué aunque tenía algunos amigos en mi antiguo colegio, que me llamaran "el lentito" no me gustaba nada.

Mientras esperábamos para entrar mamá ha saludado a una vecina que iba con su hijo. Fernando, que así se llama, llevaba unos hierros raros en una pierna.

-Hola soy Jaime, soy nuevo- le dije mientras nuestras madres hablaban de como pasaba el tiempo y lo caro que estaba todo.

-Hola- dijo sin prestarme mucho interés.

-¿Qué te ha pasado en la pierna?- le pregunté.

-Me caí con la bici- dijo secamente.

Le pregunté si le dolía y el movió la cabeza de un lado a otro.

La puerta se abrió y nuestras madres empezaron a despedirse.

-Ten cuidado- decía la madre de Fernando.

-Todo irá bien- decía mi madre.

Nos besaron y abrazaron como si no fueran a vernos mas. Fernando y yo pasamos un rato malísimo con tanto besuqueo, el resto de los niños entraba y nos miraba. Fue un corte.

En la clase Mary Carmen, que así se llama mi profesora nos presentó a los niños nuevos.

Explicó que Fernando tenía una pierna mal y que entre todos le ayudaríamos a ponerse mejor. Dijo que siempre tendría que tener cuidado porque aunque podría andar sin los hierros, después de un tiempo, necesitaría rehabilitación para andar de nuevo bien, con su pierna lesionada.

Luego me presentó a mi. Dijo que era un niño muy listo en matemáticas, que sabía que me encantaba el Ajedrez y que un pajarito le había dicho que era todo un campeón de concursos escolares. También explicó que tenía una dificultad con la lectura y la escritura, porque era disléxico, y que al igual que Fernando necesitaría nuestra ayuda para aprender cada día un poquito más. Un niño preguntó que si eso se curaba, Mari carmen dijo que no, que era como la pierna de Fernando, la lesión estaría conmigo siempre, pero que podía aprender a leer y escribir sólo que con más cuidado y con algo más de ayuda.

-Fernando anda ¿Verdad?- les preguntó.

Todos asistieron con la cabeza.

-Jaime lee y escribe, no tan bien como vosotros, pero lo hará.- y me sonrió.

En el recreo todos jugaban, y Fernando estaba sentado en un banco del patio. Me acerqué y le pregunté si quería jugar al ajedrez. Me dijo que se le daba fatal y que le ganaría siempre. Le propuse enseñarle trucos para mejorar y empezamos a jugar.

-¿Qué trucos puedo enseñarte para leer y escribir mejor?- Me preguntó- A mí se me da muy bien la lengua.

-Mi logopeda me enseña a deletrear palabras difíciles, dice que eso me ayudará cuando escriba.

Empezamos a jugar y tras explicarle la de cosas que se podían hacer con un Alfil, me comió una Torre.

-¡Bien chaval, bien!- reí.

-¿Cómo se deletrea Alfil?- me preguntó de repente.

-A-L-....-dudé un momento- F-I-L.

-¡Bien chaval, bien!- rió.

Esta noche estoy muy contento, tengo nuevo colegio, y mi nuevo amigo se llama:

F-E-R-N-A-N-D-O.


El relato de hoy está dedicado a Dislexia sin Barreras por luchar para eliminar las barreras con las que se encuentra un disléxico en el sistema educativo actual y por pedirnos que aunemos esfuerzos con el fin de conseguir evitar el temido fracaso escolar.

¡Un niño disléxico debe tener las mismas oportunidades para llegar a ser lo que quiera que un niño sin Dislexia!

14.1.07

Una moneda... ó dos.

Camilo vivía con sus padres en un pequeño pueblo. Hacía unos meses que había echado el ojo a una estupenda bicicleta que vendían en la ferretería de Mauricio. Era todo lo que un crio de diez años quería. Era roja, con un manillar chulo y grandes ruedas. Era una bicicleta de chico mayor.

Hizo un trato con su tío Pedro, le ayudaría a dar de comer a los burros cada tarde, a cambio de una moneda. Tenía unos ahorros y convenció a Mauricio para que le guardara la bicicleta unas semanas más. Cuando reuniera el dinero volvería a por ella.

Cada tarde Camilo ayudaba al tío Pedro, cosa que su tío agradecía después de una larga jornada en el campo.

Pero una mañana su padre cayó enfermo. Un gran camión de troncos para la lumbre había sido descargado cerca de la casa.

-Papá no podrá levantarse hasta mañana- le dijo su madre- Necesito que esta tarde me ayudes a meterla en la leñera.

-Pero mamá- replicó el niño- voy a casa de tío Pedro. Si no voy a ayudarle, no me dará la moneda.

-Esta bien- se resignó su madre- Intenta volver pronto, va a llover. Las nubes negras que asoman por aquella montaña no nos perdonarán, cuando caiga el sol.

Camilo, cogió sus libros y fue al colegio.

Aquel día no atendió demasiado, porque estaba venga a pensar, en lo que le había pedido su madre.

La bici era importante para él, pero mamá necesitaba ayuda con la leña, estaba claro que estaría muy cansada después de la jornada en el campo sin papá.

Después del colegio, fue a casa del tío Pedro.

-Perdona tío- le dijo muy a su pesar- Hoy mamá me necesita en casa. Me ha dicho que no pasaba nada si venía aquí como cada tarde, pero yo sé que necesita que la ayude. Mañana vendré como siempre.

El tío miró fijamente a su sobrino y haciendo un gesto con la mano se despidió del él. Cogió la comida de los burros y se fue, sin decir palabra, hacia el establo.

Camilo no hacía más que meditar si había hecho bien. Un trato era un trato, y una moneda, una moneda.

Pasó la tarde con mamá llenando la leñera hasta arriba. Y se alegró, porque sin su ayuda, mamá no habría conseguido meterla toda. Al irse el sol, empezó a llover fuertemente.

Mojado y cansado fue a su cuarto a cambiarse para cenar.

-¡Camilo!- le llamó mamá al rato- El tío Pedro ha venido a ver a papá y quiere verte. Está en el comedor.

El niño se entristeció, el tío Pedro era un hombre exigente, la gente del pueblo decía que su palabra era ley y que jamás volvía a dar una oportunidad a los que rompían un trato entre caballeros.

-¡Toma!- le dijo secamente, tendiendo a la mano del niño dos monedas.

-No hice el trabajo- Se sorprendió el niño- No merezco tu dinero.

-No espero de tí, solamente trabajo- replicó- Eso se lo pido a los peones y a los mozos. Tienen que cumplir su trabajo y para eso les pago.

-No lo entiendo Pedro- dijo mamá- Camilo no te ayudó con los burros.

-Camilo no es mi peón- dijo secamente- Hicimos un trato, el me ayudaba a mí y yo le ayudaba con dinero.

Ni Camilo ni mamá entendieron lo que quería decirles.

-Mi sobrino hizo lo correcto- Sonrió el viejo- Ayudo a su familia a pesar de su ilusión por la bicicleta, no esperaba menos de él. Y ahora sólo cumplo mi parte del trato.

"Un moneda por un trabajo bien hecho.... ó dos, por hacerlo en el lugar más necesario".

Semanas más tarde, Camilo salía del colegio con su flamante bicicleta nueva y derechito, derechito, iba a dar de comer a los burros. Ya no quería monedas a cambio, sólo quería ser como su admirado y querido tío Pedro.

6.1.07

La carta del Rey Melchor (Los Reyes Magos III)

Mi querido Martín:

Anoche la estrella apareció en el cielo, por fin. Lo hizo justo después de que Herodes se retiraba de Belén, con sus soldados, para buscar en otra ciudad.

Pasó por encima de nuestras cabezas, paró un momento como si quisiera verse reflejada en el río y luego fue a posarse sobre un destartalado pesebre.

Allí un pequeño y sonriente Niño nos fue revelado como el Mesías.

Oro, incienso y mirra fueron nuestros regalos.

Gracias a tí, ha sido posible.

Kibú está ahora con su adorado Baltasar y el joven Abbas no hace más que vigilarlo para que no se lo vuelvan a llevar.

El Niño Jesús nos ha entregado la estrella y ella nos dará los poderes necesarios, para volver a casa lejos de Herodes.

La Estrella confiere a su portador el don de la inmensa generosidad y concede la magia suficiente para alcanzar todo aquello que se proponga hacer, por los demás.

Sabemos que una vez que se ha conocido, su Fuerza y su Paz, es difícil dejarla marchar .

Nuestro agradecimiento a quién la guardó en secreto y ha sabido cuidarla hasta hoy.

Hoy Gaspar, Baltasar y yo mismo Melchor, hemos decidido que la sonrisa de ese Niño es lo más preciado de la Navidad.

Recordando este día, volveremos año tras año, con la ayuda mágica de la estrella. Y será la alegría de los niños con nuestros regalos, lo que llene estos viejos corazones, antes de volver a Oriente.

Dejaré esta carta entre tus regalos, mi querido niño, para que no dudes, que allí en lo alto, existe la magia de lo imposible.

Y deseamos que esa magia haga, que nada brille más que vuestra sonrisa, en la mañana de los Tres Reyes Magos.

Recibe mi cariño, desde un pequeño Portal en Belén.

El Rey Melchor.



4.1.07

El viejo camello de Baltasar (Los Reyes Magos II)

Aquella mañana Martín se levantó muy contento y fue al Belén para ver si sus amigos seguían donde los dejó.

Todo estaba en calma y aunque la arena alrededor del río estaba algo revuelta, el resto parecía tranquilo.

Un ligero silbido le paró justo al darse la vuelta para marcharse.

Miró hacia las montañas y vio como una pequeña figura intentaba llamar su atención.

- ¡Eh Martín, aquí!- decía una lejana voz.

Un joven de piel oscura, calzado con babuchas y ataviado con ricas telas de oriente , levantaba los brazos.

Martín se extrañó y alargó su mano para cogerlo con cuidado.

Su sorpresa fue aún mayor, cuando al abrir la mano, se encontró con el pequeño paje del Rey Baltasar.

-¿Me hablas a mí?- le pregunto el niño, esperando y deseando que cobrara vida en la palma de su mano.

-¿A quien si no?- dijo aliviado- Soy Abbas, el paje de Baltasar.

El joven paje, hizo una reverencia y con cuidado se sentó en la palma de la mano de Martín.

- ¡Hola! Buenos días -dijo sonriendo el niño- ¿Habéis tenido buena noche? Yo os dejé en el río como me pidió Nasim.

-Sí gracias, la gachas estaban estupendas- dijo frotándose la panza el pequeño paje.

-Pero esta mañana una niña, de pequeños rizos rubios, vino a visitarnos- dijo con cara de preocupación- y se llevó el camello de Baltasar.

- ¡La mocosa de mi hermana!- dijo enfadado Martín.

-Se fue por aquella puerta de allí- dijo Abbas señalando la puerta del comedor- Y ahora Baltasar anda preocupado, Kibú llevaba el regalo para el Mesías, en un pequeño cofre con Mirra.

-¿Quieres que lo recupere?- Se interesó el niño.

- Sí, por favor- y dando un saltito se puso en pie- Imagina que Baltasar se presenta sin un regalo, sería recordado como el Rey tacaño durante siglos.

Martín no pudo menos que reírse de la ocurrencia del pobre paje.

-Bueno eso y que el viejo camello lleva sirviendo al Mago hace años, le tiene muy apenado- dijo llevando su mano al mentón poniendo cara de gran preocupación.

-Vale, te dejo y voy a ver que ha hecho con él.

Acercó la mano al Nacimiento y depositó a Abbas cerca del campamento de Los Tres Reyes Magos.

El tiempo apremiaba.

Martín salió del comedor y se dirigió a la cocina. Allí estaba el abuelo desayunando mientras leía el periódico.

-Buenos días abuelito- dijo dándole un beso.

-Hola Martín- dijo sin separar la vista de la prensa- ¿Has dormido bien?

-Sí, gracias. ¿Has visto a la enana?- dijo sin perder tiempo.

El abuelo le miró por encima de sus gafas.

-No. ¿Qué ha hecho ese trastete esta vez?- pregunto sonriendo.

-Nada- intentó disimular Martín.

-¡Huy que raro! - meneó la cabeza el abuelo- tú preguntando por tu hermana a estas horas y tu madre tras ella desde temprano.

-¡Vale!-confesó el niño- Se ha llevado un camello del Belén y tengo que recuperarlo.

- Vaya, el camello de Baltasar ¿eh?- dijo pensativo el abuelo.

-¿le has visto?- se sorprendió el niño.

-No- dijo inquieto el abuelo- tenemos que recuperarlo y pronto.

El viejo dejó el periódico en la mesa y quitándose las gafas, tendió la mano al niño.

Juntos fueron en busca de la pequeña.

-¡No, no y no!- la oyeron decir, dentro del cuarto.

-Dámelo, si lo rompes el abuelito se pondrá muy triste - decía mamá- no puedes jugar con él es muy viejecito.

-¡Ez el ponny de la queca!- lloriqueaba.

El abuelo se acercó a ella despacito.

-Es el Camello de Baltasar, cariño mio y si no lo dejas en el Belén mañana no podrán traerte los regalos.

Los rizos rubios seguían meneándose a un lado y a otro con fuerza, hasta que de repente pararon. Abriendo mucho los ojos la chiquilla miró a Martín.

-¿Me traerán Carbón?- pregunto inquieta.

-Si, sólo carbón de la mina- dijo el niño poniendo una cara muy seria- Vamos a dejarlo junto al Portal para que llegue el primero ¿Quieres?.

La niña asintió con la cabeza.

Juntos fueron al Belén, y dejaron al viejo Kibú enfrente del Portal .

Ya de noche, El abuelo se acercó al Nacimiento y tomando la figurita en sus manos, la acarició con mucho cuidado.

-Ay viejo camello- susurró, mientras lo dejaba entre el buey y la mula en el pesebre- Abbas estaría muy preocupado. Hace años que no hablo con mi joven amigo.

Y así fue como un viejo camello, llamado Kibú, pasó la noche contándole sus aventuras al pequeño Niño.

Tres Pajes, Tres Reyes y dos Camellos, mirando al cielo, pasaron la noche junto al plateado río.

La estrella aún no había aparecido...

2.1.07

El Paje del Rey Gaspar. ( Los Reyes Magos I)

Martín andaba como siempre revoloteando alrededor de la mesa de los turrones recién partidos, mirando aquel polvorón que sobresalía de la fuente.

-Ni uno más jovencito- le dijo mamá- ni uno más hasta después de cenar.

-Este se va a caer- dijo señalándolo- Mira. ¿Ves? este sobra.

-No sobra ni uno, que los tengo contados- dijo saliendo del Comedor.

El abuelo se levantó y miró hacia la fuente también.

Contó con rapidez, ocho, había ocho polvorones.

-Siete, hija mía , quedan siete, que yo me comí uno - dijo guiñando un ojo, mientras ponía el preciado polvorón en la mano de su pequeño nieto.

El niño lo metió con rapidez en su bolsillo y sonrió con picardía. El abuelo besó su frente y le hizo una señal con la mano, para que se escondiera tras el Belén.

Sentadito tras la madera que sujetaba el corcho y con el Castillo de Herodes sobre su cabeza, se dispuso a aplastar el dulce Navideño.

El niño no sabía porqué su primo Ricardo lo hacía, pero allí estaba él, dándole golpes al envoltorio blanco para que se quedara todo aplastadito.

En uno de esos golpes, sin querer, sacudió el Castillo de Herodes y uno de los árboles, que adornaban el nacimiento, cayó sobre las rocas de corcho. La mala suerte hizo que el paje de Gaspar, se balanceara peligrosamente hacia el abismo.

Martín alargó su mano y lo cogió al vuelo antes de que se hiciera mil pedazos contra el suelo.

-Por las barbas de mi amo, que poco ha faltado- dijo una voz.

El pequeño, sin poder creerlo, abrió despacio su mano.

-¿Has dicho algo?

Y allí estaba, todo despeinado con el turbante ladeado, y una alpargata fuera del pie, el paje de Gaspar.

Martín lo miraba con la boca abierta.

-Pues eso, que casi no lo cuento- dijo tan tranquilo, mientras se sentaba en la palma de la mano de Martín a atarse bien la alpargata.

-¿Puedes hablar?- Titubeó al fin.

-Hola soy Nasim, el cuarto paje del Mago Gaspar, gracias por cogerme a tiempo- y sonriendo hizo una reverencia.

-¿Eres de Verdad?- seguía alucinando el pobre niño.

-Pues claro que soy de verdad, como todos. Venimos de muy lejos, siguiendo una estrella que se nos ha perdido. Los Magos andan preguntando en el castillo, a ver si la han visto. Parece ser que anuncia la llegada de un Mesías, que salvará al pueblo Judío.

Martín seguía escuchando, sin parpadear lo que el Paje le decía.

-Este año lo vamos a tener peor para bajar de la montañita, tu madre ha puesto más arbolitos. ¿Tu no podrías ponernos luego cerca de aquellos pastores?- Dijo el paje señalando a tres figurillas y su rebaño, en torno a un pequeño fuego.

El niño asintió con la cabeza.

-Anoche hicieron gachas. ¡Cómo olían!. Pero como tu abuelo se empeñó en ver el último telediario, cuando bajamos Abbas y yo, ya no les quedaban. Esta noche han dicho que nos guardan una pocas, si bajamos pronto. Si nos dejas a todos cerca del río, los camellos de Baltasar, que vienen desde Persia podrán refrescarse un poco. Melchor viene de Asiria y nosotros de Mesopotamía. ¿Conoces Babilonia?

Martín negó con la cabeza.

-¿Y tu conoces a los Tres Reyes Magos?- Las cejas del niño se arquearon, demostrando su gran interés.

-Claro, llevo meses viajando con ellos, son buena gente. Ahora están con Herodes, para contarle lo que han descubierto y ver si han visto la Estrella. Son grandes sabios ¿Sabes?.

Los ojos de Martín se abrieron aún más.

-¡Herodes es malo y quiere matar al Niño Jesús!- exclamó muy inquieto.

-¿Al Mesías?- Se horrorizó el paje.

-Sí, ya ha nacido, está en el portal de Belén , al otro lado de la mesa- dijo hablando muy rápido- la estrella está escondida, alguien la cogió prestada del cielo. Ahora está en la tierra y quién la tiene en secreto, no la soltará hasta el cinco de Enero. ¡Tienes que avisar a los Reyes Magos, para que no pasen por aquí, de vuelta a Oriente!.

-¡Vale, vale! que ya lo pillo, de eso me encargo yo- Dijo Nasim- Ahora vuelve a dejarme en los montes de Judea y esta noche no te olvides de llevarnos donde los pastores ¿eh?.

Y mirando de reojillo el polvorón, que había quedado olvidado en el suelo, al pobre paje se le hacía la boca agua.

Durante la cena Martín, se lo comió todo sin rechistar, ayudo a quitar la mesa y se fue muy, pero que muy prontito a dormir.

Mientras el abuelo se sonreía y mirando a su hija, canturreaba.

"Ya vienen los Reyes, por aquel camino....".

¡Y por fín aquella noche, a la orilla de un plateado río, tres pajes y tres Reyes, comían gachas con vino!.

31.12.06

Lo que soy incapaz de expresar....

Para acabar el año "sin cuentos sentimentales" y sin que sirva de precedente...

Hoy por la mañana he ido a ver la exposición de M.C. Escher "El arte de lo imposible".... tranquilos que no pienso revelar ni un sólo trazo de sus obras.

Sólo pedir que no os perdáis "Galería de grabados" siempre he pensado que "todo" es relativo y que la dimensión de lo que vemos, esta monopolizada tanto en "un punto concreto" que no somos, ni seremos capaces de ver la realidad que nos rodea, desde nuestra dimensión.

El vídeo sólo muestra en imágenes lo que M.C. Escher quiso dibujar... toda una lección de que lo que hay detrás de un dibujo, un escrito o una creación.

En el alma de su creador una obra supera con creces, lo que somos capaces de ver los demás a simple vista.

Pero como siempre lo mejor esta al final...

(....)

"Una persona que tenga una conciencia lúcida de los milagros que le rodean, que haya aprendido a animarse en soledad, habrá conseguido avanzar todo un trecho por el camino hacia la sabiduría, ¿O acaso es que he perdido el rumbo?"

(....)

"Estar en paz con la vida; aceptar lo que no entendemos; esperar tranquilamente lo que nos aguarda; tenéis que ser mas sabios que yo"

(....)

M.C.Escher.

El que quiera más, que no se pierda la exposición.

Es una manera perfecta de empezar el año 2007.

29.12.06

Doce... por el único deseo.

UNA...

Por los que llevamos más dentro, que sentimos y que ya no tenemos... ahora y siempre la primera va por ellos.

DOS...

Y hasta que ya no estemos, la segunda por nosotros . Por lo que somos, por lo que fuimos y por lo que seremos.

TRES...

Por los que vendrán. No dudes que vendrán. Les enseñaremos qué es eso de la libertad, aunque a nosotros de su cariño, aún sin conocerlos, ya nos tengan presos.

CUATRO...

Por los que no veremos y que en el futuro, no nos llevarán tan dentro. Pero que estarán aquí, gracias a nosotros, a los que somos, fuimos y seremos.

CINCO...

Por ellos, para que hereden sólo lo bueno. Y aunque no nos recuerden, vivan en libertad, presos de nuestros mejores deseos.

SEIS...

Por ellos, para que en este año que ahora termina, sigamos buscando La Verdad.

SIETE...

Por ellos, para que en este año que ahora empieza, sigamos buscando La Paz.

OCHO...

Por ellos, para que en cualquier año que estemos, sigamos buscando El Amor.

NUEVE...

Para que lo mejor, de aquellos que ahora llevamos muy dentro, no acabe en nosotros.

DIEZ...

Para que lo bueno que heredamos de aquellos que no conocimos, no muera con ellos.

ONCE...

Por una mano tendida, por una mirada, por un abrazo, por un beso...

DOCE...

Porqué existe ahora y en este preciso momento, en algún rincón del mundo un simple, te quiero.


Paz, Amor y Felicidad a los que somos, fuimos y seremos en 2007.